lunes, 22 de mayo de 2017

Ahora que soy "bimadre"

Nuevo post de Ángela, esta vez hablando sobre su experiencia sobre "bimaternidad". Puedes leer sus experiencias de parto aquí y aquí, y además puedes leer más en su blog: Criando desde el corazón :)

Hace casi seis meses que me convertí en “bimadre” y, desde ese momento, tuve claro que a pesar de tener experiencia como madre me sentía primeriza. Y sí, realmente era primeriza, pues era la primera vez que iba a cuidar a mi hijo Gael. A pesar de las inevitables comparaciones, hemos intentado “olvidarnos” de lo que hicimos o dejamos de hacer con el mayor. 

Enseguida empezó a acontecer todo aquello que tanto nos preocupaba durante el embarazo:
¿Cómo sería la reacción de Unay al ver por primera vez a su hermano?
¿Podré querer a los dos por igual? 
¿Es verdad eso de que se “ensancha el alma”? 
¿Y si aparecen los celos? 
¿Cómo me organizaré la primera vez que tenga que salir sola a la calle con ellos?
¿Podré sobrevivir cuando el padre vuelva a trabajar? 





Sí, te das cuenta de que eres capaz de eso y mucho más. Quieres a los dos exactamente igual, te sientes tan llena de amor que parece que vayas a explotar en cualquier momento, te enamoras cada vez más de tu recién llegado bebé y de tu hijo el mayor, ves a tu chico particularmente guapo… y todo va viento en popa. 

Pero también hay momentos no tan idílicos, de esos que no aparecen en Instagram ni otras redes sociales, y es que la primera vez que tu hijo mayor hace algo al bebé, sientes un dolor profundo. Dolor por ambos, por el bebé, porque es tan pequeño, tan frágil que te duele en el alma; por el mayor porque sabes que ya nada será como antes, que solo quiere volver a estar contigo igual que antes de la llegada de su hermano. 





Te sientes impotente cuando ambos lloran y sabes que te necesitan por igual, pero no puedes dividirte. Entretanto y por si el postparto no fuese lo suficientemente intenso, tienes una mastitis, un susto enorme con el "hijoperro", una lavadora rota durante una semana… y un cúmulo de despropósitos. 

¡Ay las lavadoras! Nadie me dijo que el número de hijos NO es directamente proporcional al número de lavadoras que se ponen al cabo del día.



Pero los días van pasando, y te levantas cada mañana dispuesta a enfrentarte a “nuevos retos”. Como salir con los dos al parque sola, a pasear al perro, a comprar… y te sientes “poderosa”. Puedes con eso y con más, ¡claro que puedes! 

Con lo que no puedes es con las lágrimas de los dos, con no poder atenderles como lo necesitan en cada instante. Pero no me culpo, hago todo lo que puedo y les doy las gracias a los dos cada día por lo fácil que nos lo están poniendo.


Sin duda, es toda una aventura, la mejor que hemos vivido hasta ahora. Cuando los veo juntos, sólo puedo pensar qué afortunados somos. Volvería a repetir esta “locura” de ser "bimadre" sin pensarlo ni un solo instante. Porque estamos aprendiendo a ser padres de nuevo, porque es maravilloso verles juntos, porque cada vez intentamos ser mejores personas por ellos, porque estamos aprendiendo mucho y disfrutando más todavía…

¡Gracias hijos! 










Ángela

martes, 16 de mayo de 2017

Te llevaré siempre

La semana pasada se celebró la I Semana Europea del Porteo (8 al 14 de mayo de 2017), con el lema "Te llevaré siempre".
Aprovechando la ocasión, fui compartiendo en Instagram durante estos siete días, fotos porteando en distintos portabebés.



Mochila Fidella con bebé de 19 meses y 14 kilos




Bandolera Didymos Indio Aurora con bebé de 19 meses y 14 kilos




Fular elástico Boba Wrap con bebé de 5 meses y 8 kilos




Fular Yaro Contra con muñeco (practicando para mi formación de Asesora de Porteo)


Portear satisface esa necesidad fundamental de contacto de nuestros bebés, tan importante como el alimento y la seguridad. 

Los portabebés son una herramienta que facilitan que podamos compatibilizar las necesidades de nuestrx hijx y las nuestras, de modo que puedo mantenerle junto a mi teniendo las manos libres, lo que me permite realizar otras tareas e incluso atender a otrxs hijxs si los tengo.

Pero lo importante es ese "Te llevaré siempre"; en brazos o porteado hasta que él/ella decida, en el alma y el corazón toda nuestra vida.

domingo, 7 de mayo de 2017

Hace mucho que no te escribo una carta...

Hola mamá,

Hace mucho que no te escribo una carta. La última fue tal vez cuando estaba en el colegio, ¿no? No lo recuerdo, la verdad. Seguro que tú, que lo apuntas y lo guardas (absolutamente) todo, lo sabes.

Hace ya 31 años que nos conocemos, 31 años desde que tú te convertiste en madre y yo en hija. ¿Recuerdas ese momento? Magia, ¿verdad? Seguro que yo lo llevo impregnado en lo más profundo. Esa primera mirada, ese amor profundo.

Este es el segundo año en el que además de celebrar que soy hija, celebro que soy madre. Tu regalo llega tarde, y el mío para compensar, también. Pero, ¿qué mejor regalo que tener hijxs felices y sanos? En este caso, yo para ti, Pajarin para mi.

"Dar nacimiento a un niño es hacerse madre, pero es también volver a ser la hija de su madre. Todas las mujeres dan a luz pensando en sus madres." 

¿Recuerdas cuándo me puse de parto?

-No sé si voy a poder, mamá. Tengo miedo.
-Claro que podrás. Tranquila, estás preparada. 

Y pese a tu mala experiencia en el parto, el trato desagradable del personal el día más importante de tu vida, y el dolor posterior de unos puntos infectados, me animaste, y te maravillaste de mi parto disfrutado.




Reconozco que he aprendido cosas de ti que no me gustan, y me esfuerzo por no repetir esos patrones que me inquietan y me impiden disfrutar de la vida: la autoexigencia y ese afán de alcanzar la perfección, la autocrítica y la incomodidad de recibir halagos, el afán de tener todo bajo control (lo propio y lo de los demás).

Sin embargo, disfruto bailando y cantando, haciendo listas y organizando plannings semanales, río casi siempre, me gusta escuchar y también que me escuchen, cuido y estoy pendiente de los que me importan, quiero mucho a los que me quieren (y a veces también a los que no me quieren), me emociono con facilidad y también me enfado rápidamente (aunque no me suele durar mucho). Todo esto y mucho más, también te lo debo a ti.




Cada vez que necesito tranquilizarme y respiro profundamente, hinchando la tripa mientras cojo aire por la nariz y lo expulso despacio por la boca, me acuerdo de ti. De cuando era pequeña y te sentaste conmigo en la cama y me enseñaste a hacerlo. De las veces que me recordaste que lo hiciera para calmarme. Parece algo simple, pero ha sido y es una herramienta imprescindible en mi vida.

Me encanta que me digas que estás leyendo a Carlos González, que compartas artículos en Facebook sobre educación Montessori, sobre crianza en brazos y la importancia del contacto. 

Y noto a veces que asoma la culpa en ti. Te lamentas de que no estuviera disponible esta información, de que "se hacía lo que decía el pediatra", y siento pena, por ti y por mi, y por todas aquellas mujeres a las que, en gran parte, anularon su instinto materno. 

El mundo emocional del adulto tiene su base en la vida intrauterina, y sé que fuimos muy felices cuando éramos solo una. El resto lo hemos ido viviendo lo mejor que hemos sabido, aprendiendo a cada paso, creciendo y llegando a convertirnos en quienes somos hoy.

Te quiero mamá, soy quien soy en gran parte gracias a ti. Y todavía, aún siendo madre, cuando tengo miedo, cuando me invade esa niña que en el fondo soy, deseo volver a tus brazos, volver a ser pequeña y sentirme segura, sentir que todo va bien si tú estás conmigo.




Feliz Día de la Madre!

(Papá, no te pongas celoso, tu carta la dejamos para tu cumple).


lunes, 1 de mayo de 2017

Una nueva vuelta al sol

El pasado 26 de abril cumplí 31 años, un día especial en el que un año nuevo empieza, el aniversario de mi nacimiento, el inicio de una nueva vuelta al sol.

Miro atrás y me sorprende lo rápido que pasa la vida. Hace nada hablaba sobre mis 30 años , y de repente aquí estoy de nuevo, estrenando número.

Me gusta cumplir años, no solo por la celebración y los regalos (que también), sino por esa sensación de celebrar mi día, el día de mi llegada al mundo.




Y aunque a veces me da vértigo la vida adulta y las responsabilidades que van siendo mayores con la edad, disfruto al ser consciente de mi evolución. 

No soy la misma que era hace un año, y probablemente el que viene también seré diferente.

Misma esencia, cuerpo similar y nuevos aprendizajes que me van ayudando a configurar a esta mujer, a esta madre, a esta niña.

Sigo disfrutando, viviendo, eligiendo, dando vueltas al sol en zapatillas, vaqueros, despeinada, y con un pequeño porteado a la espalda.






lunes, 24 de abril de 2017

De la mano de Cris de Froggies


Hola, somos Froggies, un universo de juegos y diversión.

Este es el mensaje con el que nos recibe Froggies al entrar en su página web
Si aún no les conoces, Froggies es una empresa de animación infantil, cuyos pilares fundamentales son el respeto al niño, el amor por lo que hacen y el cuidado por las ilusiones de los más pequeños.

Ofrecen formación, servicios para empresas y familias, y organización de eventos. Es increíble el abanico de opciones que tienen, y aunque me cuesta mucho elegir, me entusiasman especialmente actividades como el taller "Sintiendo los cuentos", Belly Painting, Blessing Way y la animación infantil para bodas. Os animo a que echéis un ojo a su página web, que además de ser preciosa, tiene muchísima información.

Y al frente de todo esto, está ella, Cristina Saraldi, a la que descubrí por Instagram, y con la que coincidí en un "evento" Emeibaby sin tener muy claro si era ella o no. Las redes sociales nos han mantenido en contacto durante este tiempo, y la vida ha ido cruzando nuestros caminos mediante casualidades que no son tales.

Cris es ternura, sinceridad, positivismo, transmite calma y esa sensación de "todo va a ir bien" que tanto reconforta. Si quieres saber más sobre ella sigue leyendo, no tiene desperdicio.





Nombre y edad
Cristina María. 36.


¿Dónde naciste y dónde vives actualmente?
Nací en Pamplona y vivo físicamente en Madrid, aunque mi cabeza y mi alma están a veces aquí y a veces más lejos ;)


¿Cuántos hijos tienes y de qué edades?
Cloe de 5 años (julio 2011) y Kian de15 meses (enero 2016).


¿A qué te dedicas?
A ser madre principalmente, aunque en esa tarea soy empresaria, gestiono Froggies con lo que ello supone, escribo y doy formación y talleres entre otras cosas. 
Siempre me cuesta describir a qué me dedico…


¿A qué te dedicabas antes de ser madre?
Antes de ser madre trabaja en Publicidad y Nuevos Negocios en televisión; y antes en producción, y antes en una revista, y antes en un restaurante, y en un cine y… he hecho muchas cosas antes de ser madre y crear Froggies.


¿Cambió tu vida a nivel laboral y emocional cuándo nació tu primer hij@?
Totalmente


¿Por qué Froggies? 
Porque tenía que ser…


¿Qué te llevó a crear y creer en este proyecto? 
Un sueño, apostar, confiar en que un nuevo rumbo es posible y sobre todo la confianza en mí misma y en el equipo que me rodea.





¿Cómo pudiste hacerlo realidad? 
Trabajando mucho, cambiando de hábitos, saliendo de mi zona de confort, con apoyo (muy importante) y sobre todo desaprendiendo mucho de lo aprendido. Emprender mola, pero nunca nos contaron que molaba...


¿Cómo compaginas tu vida laboral con la maternidad?
Me cuesta pensar en compaginar. Debido a mi proyecto, la maternidad está muy integrada en mi trabajo y mi trabajo en mi vida. Aunque es cierto que procuro cumplir unos horarios y llevarlos a cabo, no lo logro siempre. Hago bolillos para poder atender a mis hijos y también las necesidades de la empresa. Sin embargo, durmiendo menos y soñando más, lo llevo con ilusión.


¿Cuál crees que es hoy en día el mayor problema al que nos enfrentamos los padres en la crianza de nuestros hijos?
Diría que depende sobre todo de cómo quieras y elijas criar. Si decides repetir los patrones sociales, y seguir lo que hace la mayoría de la gente, no te encuentras tantos problemas. Cuando eliges otro camino, aunque sea mínimamente diferente, ahí es cuando te encuentras los problemas. Principalmente es la sociedad en sí misma, con sus normas, sus costumbres, sus leyes, su crítica social y falta de respeto. Que si das de mamar más allá de x meses, que si eliges no dar purés, que si no va a la guardería, que si te coges excedencia, que si va a un colegio libre, que si no castigas, que si aún duermes con él, que si tantas y tantas elecciones tan personales… 
En este país nos gusta juzgar y criticar a los demás en vez de hacer autocrítica.


¿Qué le dirías a una mujer embarazada o mamá reciente, que echaste de menos que te dijeran a ti?
Cada mujer es un mundo y no creo que lo que a mí me hubiera gustado escuchar deba servir a otra mujer. Lo único que diría es enhorabuena y que siga su instinto.


Tres pilares fundamentales para una crianza feliz
Para mí…
  1. Paciencia
  2. Desaprendizaje
  3. Mucho mucho amor y confianza en uno mismo




Tus básicos en la etapa maternidad/crianza
- Un libro: Amar sin miedo a malcriar
- Un portabebés: Con Cloe fue un fular Didymos rojo. Con Kian… quizás el valor que tiene la Emeibaby que me regaló mi tribu.
- Una escapada: con niños, mi Isla Canela querida. Con pareja, cualquier noche durmiendo más de 6 horas seguidas ;)
- Un café con…: Dejé el café hace ya muchos años, pero acepto un té muy gustosa con tantas y tantas personas. Disfruto mucho charlar con Laura, mi matrona y amiga, la que me acompañó en el parto de Kian. Tomar té con ella es siempre un regalo. Aunque si pudiera cumplir también un sueño, probablemente tomaría cualquier cosa con Nefertiti y con Daenerys Targarian. 
- Un blog (además del tuyo, jiji): De mi casa al mundo





martes, 18 de abril de 2017

Colaboración Lactapp + Papá Oso en Youtube

Tenía pendiente compartir por aquí mi emoción por haber sido elegida colaboradora del estupendo blog de Lactapp

Lactapp es una aplicación para el móvil (disponible en Google Play y App Store) sobre lactancia, con contenido de calidad y un equipo maravilloso detrás. Hace tiempo publiqué una entrevista a Alba Padró, consultora de lactancia en Lactapp, que puedes leer aquí. 


Mi primer post lo dediqué al sueño infantil, ese gran desconocido, y que tanto nos preocupa a padres y madres. Puedes leerlo aquí: "Mi niño no me duerme".

Además, la emoción se multiplicó cuando Papá Oso se convirtió en el ganador del Concurso "Papi portea" de Monitos y Risas. Se trataba de grabar un vídeo en el que papá explicara (y demostrara) como se coloca a su hijx para portearlo, trucos que utiliza, etc. Y Papá Oso, que con eso de ser gaditano, lleva el arte en las venas, ¡ganó el premio! Una Emeibaby preciosísima, que seguro disfrutaremos (me incluyo porque me la presta, jijiji). Hay que reconocer el aporte de Pajarin, que con su saludo final y sus imitaciones de caballo ponen un broche de oro al vídeo. XD




Y aquí, los flamantes ganadores con su premio :)



viernes, 14 de abril de 2017

Viernes de parto: La magia existe

Emoción en estado puro...
El segundo parto de "mi alma gemela" es ese que desearíamos todas las mujeres. Ese en el que reina la tranquilidad, el amor, la consciencia de la importancia del momento que se está viviendo.

Hoy hace exactamente 98 días que llegaste a nuestras vidas y es que, desde entonces, vivo el presente, ese precioso instante único e irrepetible que sé no volverá más.

Tu llegada a este mundo fue tranquila, íntima y muy emotiva. Después de un embarazo lleno de altibajos emocionales, nos llenaste de luz y de amor. Cuántos aprendizajes en tan poco tiempo… 

La primera gran lección fue que puedo confiar en mi cuerpo porque es la máquina mejor diseñada. 

Al principio, mi cuerpo me mandaba señales inequívocas de que estaba embarazada, pero mi cerebro me decía que aquel test había dado negativo. A pesar de todo, yo me acariciaba el vientre y notaba como mi útero se iba ensanchando mientras se llenaba de vida. Vivimos unas vacaciones inolvidables en Portugal, y fue allí cuando dejé de creer en un trozo de plástico y escuché los mensajes de mi cuerpo. A nuestra llegada a Madrid, me repetí el test, y ahí estaba esa rayita marcada con gran intensidad que confirmaba mis sospechas. 

La segunda gran lección es que todos tenemos una fortaleza interior increíble, sólo hay que verla, y tú nos hiciste de espejo. Nos diste una fuerza increíble para que papá y yo llegásemos a nuestra esencia y a saber qué queríamos de verdad en nuestras vidas. Y así, empezamos con el síndrome del nido, pero esta vez no se trataba de buscar una cuna (¿para qué?), sino de vender nuestra casa para poder volver dentro de poco a la tierra que nos vio nacer. Además, decidimos firmar un papel para que nuestra relación tuviese validez ante el estado, lo que provocó una serie de situaciones que nos obligaron a abrazar a nuestro niño y nuestra niña interior para poder daros a tu hermano y a ti lo mejor. 

La tercera gran lección fue, que si confiábamos en la vida, nos traería aquello que necesitábamos.

La cuarta, que con personas que te quieren a tu alrededor nada puede salir mal. Desde entonces, han ido llegando a nuestra vida o tomando más fuerza aquellos que de verdad nos quieren y ha sido maravilloso. 

La quinta gran lección es que el amor es el motor del mundo, y por amor a un hijo somos capaces de todo.

Con todas estas lecciones, fuimos preparando tu llegada al mundo. Decidimos que sería en el calor de nuestra casa, rodeado por dos matronas maravillosas y una doula excepcional. 

Fueron pasando las semanas y en la 37 empezamos a preparar todo para cuando decidieses llegar. La visita de Anabel, Sara y Paca cada semana nos llenaban de tranquilidad. La visita de los abuelos y los tíos y primos me llenaron de ese calorcito que tanto necesitaba para afrontar el parto con serenidad. Las quedadas con Raquel, Rober y Adrián nos hicieron más ameno el tiempo que pasaba.

El día 5 de enero me desperté y tenía alguna contracción cada hora y media más o menos. Habíamos quedado para comer con Raquel y su familia, para ver la cabalgata y comer roscón de reyes. Esa mañana me salía todo del revés y ahora sé que es porque mi consciencia estaba en ti, en tu llegada. 

Comimos juntos y fuimos a ver la cabalgata del barrio, a comprar las dos cosas que necesitaba para el parto y nos hicimos las últimas fotos. De vuelta a casa seguía con contracciones más o menos cada hora. Hacia las 8 de la tarde, me dio una más intensa y decidí que era hora de volver a casa. Me puse en la pelota de pilates y cogí el saco de semillas. Seguía pensando que teníamos mucha suerte de contar con tanta gente que nos quería alrededor. Disfrutamos del roscón de reyes y Raquel y su familia se fueron. Quedamos en avisarles si empezaba el parto por si hacía falta que se quedasen con tu hermano, que además, estaba con fiebre.

Esa noche papá me preparó un baño relajante con sal para aliviar la retención de líquidos, y al quitar el tapón de la bañera, supe que quedaba poco tiempo para ser dos en un mismo cuerpo. Y así te lo hice saber, te dije que estaba preparada para tu llegada, para acompañarte en el camino hasta este mundo.

Las contracciones seguían viniendo, pero eran muy irregulares. Papá me decía que le recordaba al otro parto. 

De repente, se me descompuso el estómago, no me apetecía comer. Papá y yo decidimos darnos los regalos de reyes, por si acaso, y preparamos las cosas para tu hermano. Estuve un rato en el sofá y llamamos a Sara (la matrona). Le contamos que tenía contracciones muy irregulares e indoloras y que me iba a la cama a descansar. Al poco rato nos escribió Gaby, el fotógrafo (y segunda doula :) ), para preguntar qué tal iba todo. Le dije que me iba a la cama y quedamos en avisarle si el parto comenzaba. 

Me metí  en la cama sobre las 23:45 y en la primera contracción me levanté. Me fui al sofá a apoyarme contra el respaldo, allí estuve mucho rato. Las contracciones eran muy espaciadas y suaves. Papá estaba a mi lado, acompañándome. Te leímos el cuento de “El mundo al que vienes” y te dijimos que estábamos listos para recibirte y con muchas ganas de conocerte. 





De repente, caí en la cuenta de que la ropita que teníamos pensado ponerte, no estaba lavada, (los abuelos te la habían regalado hacía apenas dos días). Y ahí estaba papá, cortando las etiquetas y poniendo una lavadora con tu ropa, mientras preparaba una infusión de cola de caballo y tomillo, cortaba judías que había comprado esa mañana en el mercado y me acariciaba, mientras yo me dejaba llevar por esas olas. Me imaginaba en el mar, adentrándome más cuando era algo más intensa la ola, pero sabiendo que pronto volvería a la orilla. Yo le insistía en que se fuese a dormir; y me hizo caso, aunque me pidió que para cualquier cosa le avisara. 

A la 1:00 noté una contracción como “de hueso”, más intensa, y avisé a papá para que llamase a las chicas. Inmediatamente se levantó y vino a verme. Me dijo que ya las había avisado. Me preparó el baño, encendió unas velas y puso la toalla a calentar. Al poco rato de estar en la ducha le pedí la pelota de Pilates y la metí dentro. Sentí alivio de poder sentarme, pero me apetecía sumergirme, así que le dije que le pidiese a las chicas que subiesen la piscina de partos. 

Papá se fue al lavadero a poner la secadora. En ese momento me vino una contracción más intensa y vino corriendo al escucharme gritar un poco. Le dije que estaba bien, pero que las contracciones eran cada vez más seguidas y alguna más intensa. Decidí salirme porque no me apetecía estar más en la ducha. Necesitaba moverme y no estar pendiente del grifo. Papá me envolvió en la toalla calentita. 

En ese momento Unay lloró y fue a acompañarle. Yo noté como un líquido tibio recorría mis piernas. ¡Se había roto la bolsa! Enseguida miré y observé que era claro y que no había nada de sangre. Entonces sentí varias contracciones muy placenteras. Me sorprendió experimentar esa sensación tan agradable y deseé que fuese así hasta el final. Papá vino enseguida, yo ya sabía que estabas a punto de nacer y sólo venía a mi mente que el suelo del baño estaba frío, que ahí no cabíamos todos (papá y las chicas) y que iba a ser complicado trasladarme después con bebé y placenta a otro lugar de la casa. Pedí a papá que preparase el sofá. Una vez que estuvo listo, me acompañó hasta el salón. 

Me puse en cuadrupedia y noté cómo ibas descendiendo dentro de mi, sabía que tu llegada era inminente y le dije a papá que notaba tu cabeza. Él informó a las chicas, eran las 1:43. 

Miré a papá
"¿Tienes miedo?", le dije. 
"No", contestó.

Empecé a reír. Vino una contracción más de hueso, sentía como descendías, me incorporé y me apoyé en las rodillas, y noté cómo salía tu cabeza. Ahí estaban las manos de papá para recibirte en este mundo,¿quién mejor que él para hacerlo?

Papá me decía que empujase, pero enseguida noté dolor y pensé que estaba nervioso al ver tu cabeza, pero yo no necesitaba empujar en ese momento. 

Volví a apoyar las manos y noté como giraba tu cabeza. Qué sensación tan extraña, te sentía dentro y fuera de mi a la vez… En la siguiente contracción volví a incorporarme y noté cómo tus hombros salían, fue muy agradable. Al momento, con otra contracción terminó de salir tu cuerpo. 

Papá gritaba emocionado mientras te sostenía,
"Es un niño, un niño precioso!" gritaba.

Me dijo que me tumbase boca arriba y te puso sobre mi vientre. Al cogerte, noté tu primera exhalación y fue increíble. 






Eran las 1:45 del día 6 de enero. Papá trajo la toalla que teníamos preparada y te tapó. Se colocó a mi lado y me repetía que no se lo podía creer, estaba realmente emocionado, eclipsado. Yo estaba emocionada, feliz, inmensamente feliz y muy tranquila. 

Papá, cómo sabía que unos de los motivos de traslado era que la placenta no se desprendiese, me dijo que tenía la mitad ya fuera, que estuviese tranquila. 

A las 1:46 llamaron las chicas a papá al teléfono avisando de que estaban abajo y les dijo muy feliz que ya habías nacido. Llegaron a casa y nos recibieron con un abrazo cálido. Anabel con su mirada tranquila pero observando que todo estuviese bien, y Paca con ese cariño de las manos que cuidan, arropándome. Cuando salió la placenta, pedí tocar y ver el cordón y la placenta. El cordón era como papá me lo había descrito (“un macarrón enorme”) y la placenta de un rojo intenso precioso. Fue papá quién cortó el cordón y fui muy consciente de que acababa una etapa que había disfrutado mucho, en la que teníamos una conexión especial, pero sabía que empezaba una maravillosa vida fuera juntos. 

Poco a poco, empezaste a reptar hasta mi pecho. ¡Era increíble ver cómo lo ibas consiguiendo! Llegaste a mi pezón izquierdo y, tras varios cabeceos, te enganchaste a mi pecho y succionaste con fuerza, mientras la leche iba bajando. Qué agradable fue vivir esa sensación, ese instante en el que volvíamos a ser dos cuerpos unidos.




Papá me recordó que tenía ganas de hacer una estampación de la placenta y Paca la hizo. Es uno de los dibujos más bonitos que nunca he visto. 

Después de unas horas, nos fuimos a la cama papá, tú y yo, mientras las chicas terminaban de recoger sus cosas para marcharse. Empezaba una vida nueva siendo cuatro.

La última gran lección que nos diste ese día fue que nada en esta vida es casualidad. Habías decidido nacer la noche de reyes, esa donde todo el mundo espera con ilusión para recibir sus regalos. Y es que, durante todo el embarazo, yo no paraba de repetir que eras un regalo que la vida nos había traído y, justo llegaste en la noche más especial del año para enseñarnos que la magia existe. 

Gracias Gael por habernos elegido como padres, por tu paciencia, por tu sabiduría. 
Gracias a papá por ser nuestro sostén, por contenerme en los momentos difíciles a pesar de que no estaba en su mejor momento. 
Gracias a mi hijo Unay por todo lo que nos ha regalado. 
Gracias a mis padres que me dieron la vida. 
Gracias a mi alma gemela y a su familia por su apoyo, cariño y por estar ahí cuando más lo hemos necesitado. 
Anabel, Sara y Paca por vuestras sonrisas, cariño y dedicación. 
Gracias a Gaby por tus palabras y tu generosidad. 
A todas y todos os llevamos en el corazón.