martes, 11 de julio de 2017

San Fermín apto para niños

Aún quedan 4 días para que terminen, pero me quería adelantar por si a alguien puede servirle esta información para disfrutar lo que queda, y sino para que os lo apuntéis para el año que viene.

San Fermín nunca me ha llamado la atención, de hecho me generaba bastante rechazo. Habría tenido oportunidad de venir casi cada año (como he comentado alguna vez, mi padre es de Navarra y tengo familia y amigas en Pamplona), pero me daba tal pereza el mogollón y la fiesta continua, que nunca me lo llegue a plantear.

He de reconocer que este año, incluso viviendo aquí, me lo planteaba a medias. No pensaba acercarme al centro hasta el lunes, pasados los cuatro primeros días en los que más gente hay. 

Pero una vez más, la vida me recuerda que los prejuicios son solo eso, juicios previos sin conocer la realidad del asunto en cuestión.

Si pienso en lo que significaba hasta ahora San Fermín para mi, podría ser algo así: alcohol, aglomeración, toros, "guiris", desfase, robos, violaciones, etc, etc. Todo en una misma línea, y muy positivo, ¿verdad? Al fin y al cabo es lo que nos venden mayoritariamente los medios de comunicación, ¿no? Es lo que da morbo, lo que genera polémica,...

Pues bien, la realidad es bien distinta, y aunque todo aquello que yo consideraba de los San Fermines también existe, no es lo único, de hecho es solo una pequeña parte. 

Tú decides como vivir la fiesta, y es posible hacerlo sin toros y sin alcohol (bueno, una cervecilla me he tomado :) ).


San Fermin es una fiesta de interés internacional y Pamplona se prepara para ello: servicios de limpieza, policía, baños portátiles, villavesas (autobuses), entre otra cosas, se refuerzan pensando en una población que se multiplica por cinco en estos días.
Existen páginas webs con toda la información y aplicaciones para el móvil geniales para enterarte de todo:












Pero lo que quiero destacar es lo más importante que hemos vivido en estos primeros San Fermines como familia: ¡San Fermín es apto para niños!



De hecho es un planazo para niños. Existen espacios exclusivos para disfrutar con ellos todo el día, gratuitos y con actividades diversas. 
Zonas como "¡Menuda Fiesta!" en la Plaza de la Libertad con hinchables, arenero, coches para los más peques, futbolines, casetas de juegos, etc; y el maravilloso Birjolastu de la Compañía PAI y la Fundación ECODES en el Parque de la Taconera; un espacio chulísimo creado con materiales reciclados del que pueden disfrutar bebés y niños más grandes. Está dividido en varias áreas con distintas temáticas: música, circo, cocina, embarcadero, etc. Lo que más nos ha gustado de momento :)









Además, por supuesto, la comparsa de Gigantes y Cabezudos que recorre a diario las calles de Pamplona y las actuaciones y exhibiciones de música y baile que también hay cada día en diferentes puntos.





Si vienes de fuera y quieres huir del jaleo del centro, siempre puedes alojarte en barrios o pueblos a las afueras y desplazarte en villavesa al centro para disfrutar de la fiesta.

Desde nuestra experiencia, el mogollón no lo es tanto, en lo que a actividades de niños se refiere. Obviamente habrá horas punta (que a nosotros no nos han coincidido), pero se puede sobrellevar. 

Eso sí, por las mañanas, hasta que pasan los servicios de limpieza, la ciudad huele a alcohol y a "pis", y es frecuente cruzarse con los que van de vuelta "haciendo eses". 

Si tus prejuicios son los que te impiden disfrutar de San Fermín, trata de derribarlos, probablemente te sorprendas.

martes, 4 de julio de 2017

Primeras veces: de camping con Pajarin

Ya estoy de vuelta. Vacaciones merecidas (y cortas) que ya han terminado. Es decir, cuando casi nadie se ha ido todavía de vacaciones, nosotros ya hace más de una semana que hemos vuelto... En fin, alguna escapada seguro que cae, que queda mucho verano por delante.

Como ya adelanté en el anterior post, nos estrenábamos de camping con Pajarin. Bueno, yo me estrenaba de camping en general (ya era hora de probar).

El destino elegido fue el País Vasco, tanto por cercanía (lo preferíamos al ir con tres peques de menos de tres años), paisajes, playas y un buen número de campings repartidos por toda la costa.

Compartimos vacaciones (y tienda) con "mi alma gemela" y familia, lo que nos permitió compartir gastos, aventuras y tareas. El concierto nocturno para que se durmieran los tres pequeños es un momento para recordar :)




La idea inicial era dormir fuera nueve noches, que finalmente se redujeron a siete. Es lo bueno de irte de camping, que puedes ir ampliando o reduciendo la estancia según las circunstancias del momento.

Nuestro primer destino fue el Camping de Orio, muy cerca de Zarautz. El ambiente era muy tranquilo y la mayor parte de nuestros vecinos eran alemanes, daneses y demás nórdicos jubilados con sus autocaravanas.
  • Pocas sombras y mucha luz nocturna (farolas de leds) que impedía distinguir si había amanecido o no.
  • Buenas instalaciones (tienen bañeras para bebés, algo muy cómodo para bañar a los peques).
  • El primer día me quemé la espalda cual guiri (así me mimetizaba con el ambiente) con una tarde de cielo nublado y una camiseta de tirantes normal y corriente. Algo que arrastré todas las vacaciones (¡una gracia!)
  • Estuvimos tres noches, de las cuales nos llovió dos. Resultado: tienda, sacos y colchones mojados; recoger lloviendo y niños felices con botas de agua retozando en el barro.
  • Valoración general: regular. Tuvimos algún encontronazo con el personal y finalmente nos cobraron más de lo que nos explicaron cuando llegamos.

Desde Orio fuimos hasta el Camping Sopelana, casi en la frontera con Cantabria y cercano a Bilbao. Perfecto para visitar varios puntos que nos interesaban.
  • Personal muy amable, tratando de facilitarnos la estancia en todo momento. Buen precio!
  • Más sombras aunque instalaciones más viejas. Las duchas funcionaban regular, la lavadora estaba estropeada y no tienen bañeras para bebés.
  • Piscina chula (pequeña y grande) , con zona de césped, merenderos y un bar con muy buena pinta, aunque nada de sombra, lo que supone un gasto importante de crema y no poder permanecer demasiado tiempo a determinadas horas.
  • En este camping estuvimos cuatro noches, de las cuales dos dormimos en el suelo: la primera se nos pinchó el colchón, y la segunda (con colchón nuevo comprado en Decathlon-un punto a tener en cuenta que estuviera tan cerca-) no debimos cerrar bien la válvula y se nos desinfló.
  • La última noche, para despedirnos, casi salimos volando. Lluvia y viento agitaban la tienda mientras los peques dormían y los padres pensábamos alternativas para huir antes de que nos arrastrara el huracán. Finalmente las nubes se fueron y todo quedó en una aventura más que sumar a los días de camping.
  • La cercanía al metro nos permitió visitar Bilbao sin necesidad de llevar coche. Un viaje largo, pero más económico que pagar parking.



Desde nuestros dos campamentos base pudimos visitar:

-Zarautz: super día de playa improvisado y comida en el paseo marítimo, siestas en carro y mochilas y helado artesano de merienda.

-Cabárceno: día de llovizna, perfecto para no morir de calor, y cierta decepción por la situación de algunos animales.




-San Juan de Gaztelugatxe: la muerte a pellizcos es hacer el recorrido a las 13.30h de la tarde con una solana y 35 grados impropios de la zona. Vistas espectaculares.






-Bilbao: sorprendente, acogedora y muy bonita (pese a los 42 grados que marcaba el termómetro).

-El Bosque de Oma: Increíble y muy recomendable.



-Mundaka: preciosa playa de aguas tranquilas y cristalinas, perfecta para ir con peques.




Pues bien, una vez resumida la estancia y teniendo en cuenta;

mi espalda quemada que no me dejaba dormir las primeras noches y los últimos días se pelaba cual lagarto;

la mala calidad de la tienda, cuyo fabricante aseguraba que soportaba agüaceros y no resistió el chirimiri de Euskadi (ya está devuelta a Amazon);

el colchón pinchado y la torpeza hinchando el segundo;

las decenas de veces de sacar y meter cosas en la tienda y el coche (mañanas y noches);

las "no siestas" de Pajarin, que solo admitía en el coche y que duraban lo que durase el trayecto;

los desayunos, comidas y cenas cocinados con mucho amor y niños hambrientos que reclamaban su ración;

nuestro coche que el último día no quería arrancar y a punto estuvimos de que la grúa nos remolcara;

la capacidad de disfrutar de Pajarin, con sueño, con lluvia, con sol, en la playa o la piscina, pintando a  todas horas y enseñándonos a disfrutar de la vida; ...

... reconozco que el camping no es lo mío.
Bueno, más bien, no es mi primera opción con nuestras circunstancias actuales.
Siendo sincera, es muy cansado. Sí, lo sé, las vacaciones con niñ@s son cansadas, pero ir de camping añade tareas y "complica" otras que en la comodidad de tu casa no cuestan tanto. Si a eso añadimos que sueles descansar menos tanto por la superficie en la que duermes, como porque las horas de luz acortan el sueño de los peques,... Pues eso, la energía disminuye.




Que no digo yo que no me vaya a ir de camping nunca más. Con niños más grandes, o sin ellos, me parece una buena opción, y para escapadas de fin de semana también.
Sin embargo, de momento, lo descartamos. Volvimos bastante más cansados y con un bolsón tremendo de ropa sucia. Pero, oye, había que probar para poder valorar.
Y sí, Pajarin disfrutó mucho, pero si algo he aprendido en este tiempo, es a tratar de equilibrar necesidades.

Nuestra energía, nuestro estado de ánimo le afecta directamente, así que seguro que si todos disfrutamos, él lo hará también.

Es un "disfrutón"!





martes, 13 de junio de 2017

Merecidas vacaciones

¡Sí! ¡Que nos vamos!

Pues eso, que nos vamos de vacaciones y dejo el blog descansando un par de semanas, que se lo merece (y yo también).

Va a ser mi primer camping (¡ya es hora!), y seguro que la aventura dará como mínimo para un post.

Puedes seguir nuestras andanzas por Instagram, que si la batería y la conexión lo permiten, me iré asomando por allí.

¡Hasta pronto!




lunes, 5 de junio de 2017

Runner a medias

Lo de ser "runner" o "persona que va a correr" (de toda la vida), se ha puesto muy de moda de un tiempo a esta parte, y ya antes de quedarme embarazada de Pajarin me compré el libro "Running para perezosas" con la ilusión de ser una más recorriendo en mallas la ciudad. Un día duré.

Con el cambio de aires y de paisaje, volví a animarme. Lo de ir a hacer deporte al aire libre es mucho más agradable sin calles llenas de gente, coches y contaminación. Llevaba ya un mes aproximadamente yendo a andar (entre media hora y una hora 4-5 días a la semana), y decidí probar. Me sentía algo más ágil, y tal vez era el momento.

El libro "Running para perezosas" va dando pautas para ir aumentando gradualmente el entrenamiento, y llegar a correr una hora seguida en un plazo de 28 días. Se comienza con pequeños intervalos correr-andar, y según avanza el tiempo se van incrementando los minutos de "running". Como yo no he corrido nunca, consideré que lo mejor era repetir cada pauta diaria dos veces, de modo que mi entrenamiento se alargaría, pero daría la posibilidad a mi cuerpo de irse adaptando poco a poco.

Bien, el primer día casi muero. Tras correr un único minuto, necesité dos de andar para reponerme.  Se me salía el corazón por la boca. Aquello no pintaba nada bien. Pero yo, que soy bastante cabezota, me empeñé en que esta vez sí lo iba a conseguir. Y lo conseguí a medias.

Los primeros días me sirvieron para que mi corazón no se desbocara como un caballo loco y era capaz de recuperarme en el tiempo estipulado. Sin embargo aparecieron en escena mis maltrechas rodillas. Me dolían al correr, y si aquello no mejoraba, tendría que dejarlo.

Insistí (como buena Tauro) y poco a poco, y supongo que por fortalecimiento de los músculos de la zona, las rodillas dejaron de doler. No me podía creer lo que estaba consiguiendo, ¡yo corriendo! A ver, corriendo lento sí, pero corriendo. Lo importante no es la velocidad, sino la resistencia, y lo estaba consiguiendo.




Cada vez que superaba con éxito un nuevo día de entrenamiento, aquello era un subidón. Me sentía más ligera, más en forma, más positiva. El deporte nunca ha sido lo mío, y poder medio-disfrutar de correr suponía un gran logro. Digo medio-disfrutar porque muchos días me daba muuucha pereza salir, e incluso correr una vez que estaba en la calle, y. cuando lo hacía miraba el reloj constantemente porque se me hacía eterno.

Decía antes que lo conseguí a medias, porque no he llegado a correr una hora (me quedé en 40 min aproximadamente) y porque lo he dejado. Muy a mi pesar, he perdido el ritmo de entrenamiento que llevaba, hace casi un mes que no corro, y dudo que vuelva a retomarlo. Los turnos de Papá Oso, estar con Pajarin, el calor y el no-efecto en la báscula, han hecho que me desmotive totalmente. 

Correr me supone un gran esfuerzo (logístico, físico y mental), y el no ver efectos en el peso lo llevo bastante mal. 
Sí, lo sé, llevaba poco tiempo. 
Sí, lo sé, para adelgazar también hay que zampar menos. 
Sí, lo sé, correr no es el mejor ejercicio para adelgazar y eso no es lo más importante. 
Supongo que es mi principal excusa como "antideporte" que siempre he sido, y que creo que sigo siendo. Es una pena, pero no me gusta hacer deporte, me supone un esfuerzo, y si no observo resultado en mi cuerpo, me desmotivo.

He de añadir que también me han aportado en este tiempo información nueva sobre el ejercicio idóneo para no impactar en el suelo pélvico y para compensar el "sobre esfuerzo" de portear, y ese ejercicio no es correr, sino andar. Así que supongo que volveré a mis "caminatas de señora", que no es un deporte como tal, pero me muevo más que sentada aquí delante del ordenador.

Para terminar, unos consejos de esta "runner a medias", que me funcionaron en su momento:

-Cascos y música: Algo fundamental para mi. El entrenamiento era totalmente diferente cuando la música era motivante.

-Compartir tu evolución: Con quien quieras, incluso en redes sociales. Parece una tontería, pero somos muy del "que pensará el otro", y a mi compartir la evolución, me servía para irme superando y obligarme a continuar.

-Escucha a tu cuerpo: Es importante estar atent@ a las señales de nuestro cuerpo y como va evolucionando.

-Estira siempre: A mi se me ha olvidado más de un día, y se nota cuando vas a entrenar al día siguiente.

-Descansa: Respeta los descansos que marca el libro (si es que lo sigues) o tu cuerpo, y trata de dormir suficiente. Parece que un día que no entrenas pierdes ritmo, pero al contrario, recuperas energía.


Si yo he podido, de verdad, cualquiera puede. Lo más difícil es proponérselo.

jueves, 1 de junio de 2017

A solas en tren con Pajarin

El pasado 26 de mayo viajé por primera a solas en tren con Pajarin. Es decir, en el tren había más gente, pero responsables de Pajarin, solo yo.

Tras un viaje eterno Pamplona-Cádiz, decidimos ahorrarle (y ahorrarme) unas cuantas horas de coche cogiendo un Ave Sevilla-Madrid.

Pensé que si viajábamos después de comer, igual se dormía y se nos hacía cortito el viaje (Ay! amiga, tú tan soñadora como siempre). Aún así fui cargada con múltiples "divertimentos" que pudieran entretenerle por si mis deseos más profundos no se cumplían.

Y es que la hora elegida para viajar yo la considero esencial. Bueno, más que la hora, el momento. Cada niño es diferente y sus ritmos también, por lo tanto es cada familia la encargada de valorar "ese momento", aunque también habrá niñxs que se adapten a cualquier situación y cualquier momento les parezca bien (e incluso duerman todo el viaje!).

Pues bien, viajar en el "momento siesta" en tren, no resultó mal del todo. Pajarin estaba cansado y su nivel de energía era bajo, pero la situación era nueva y había demasiados estímulos como para dormirse: los botones que manejan el audio de la película y radio del tren, gente sentada delante y detrás, la ventanilla y la rejilla del aire acondicionado, unas bandejas que suben y bajan y que además se pueden usar como tambor, un reposabrazos que también sube y baja, un asiento del que bajar y volver a subir, el ruido que hacen las cosas al tirarlas al suelo, recostarse haciendo ilusiones a mamá de que se duerme y volver a sentarse, etc.




Reconozco que me la jugué, porque esa baja energía y esa situación nueva, podrían haber derivado en un bucle infinito de cansancio y niño "pasado de rosca", con sus correspondientes enfados, frustraciones, gritos y llanto. Es algo que ya nos ha pasado alguna vez yendo en coche, y bueno, es complicado, pero consigo gestionarlo con paciencia o incluso parando. Pero, ¿y si me hubiera pasado en el tren? Pues mochila de porteo y paseo por el pasillo ida y vuelta y cruzar los dedos.

Al viajar en tren con un bebé menor de dos años, no tiene asiento propio; viaja encima de ti (obviamente puedes pagar un asiento para un niño mayor de dos años y listo). 20 meses y 14 kilos  de niño en movimiento durante dos horas y media sobre mi, no es la situación ideal, y guardaba la esperanza de que el asiento de mi lado estuviera libre, aunque en un Ave Sevilla-Madrid un viernes al medio día, era más que complicado. 

Al ver que el tren arrancaba y el asiento de mi lado estaba vacío, casi lanzo confeti y serpentinas, pero a la media hora apareció su ocupante "que estaba comiendo en la cafetería".  Debí poner cara de desesperación, y la maravillosa mujer decidió buscar otro asiento "para que viajáramos tranquilos, que viajar con un niño en tren no es fácil. Tengo tres, sé lo que es". Casi se me caen dos lagrimones de la emoción...

Y así transcurrió nuestro viaje, entre minilibros (estos de Kalandraka son geniales), encajables, cuentos y canciones. Por suerte, Pajarin no se sintió tentado por el pasillo, tan recurrente como entretenimiento para "primeros caminantes". Fue sentado en el asiento de la ventanilla y creo que el hecho de que ningún niñx pasara por nuestro lado "de paseo" evitó que descubriera esa opción tan maravillosa de viajar en tren. Aunque no descarto que en próximos viajes lo descubra y nos paseemos en bucle vagón tras vagón.




Para terminar, me gustaría dejar aquí una reflexión en cuanto a viajar en tren con niños. Creo que es uno de los medios más utilizados por familias, ya que es cómodo, ahorras tiempo y el hecho de que otro conduzca nos permite ocuparnos de los niños, los que, además, pueden moverse sin problemas durante el viaje. Sin embargo, a nadie se le ha ocurrido la maravillosa idea de crear un vagón para familias (con niños, se entiende), con sus mesitas y asientos más bajos para que puedan pintar, con una zona de suelo adaptada donde puedan jugar, un cambiador en condiciones dónde quepan niños más grandes de tres meses y no apeste a "pis reconcentrado" y otras cosas... Donde los padres puedan viajar tranquilos con ese alboroto de niños de fondo y sin la tensión del hijo que grita y llora y las miradas acusadoras de medio vagón que quiere viajar "tranquilo" ¿Será por seguridad o simplemente no interesa?
Ya existe el Coche Silencio, en el que obviamente no se permite que viajen niños... Saquen sus propias conclusiones.

lunes, 22 de mayo de 2017

Ahora que soy "bimadre"

Nuevo post de Ángela, esta vez hablando sobre su experiencia sobre "bimaternidad". Puedes leer sus experiencias de parto aquí y aquí, y además puedes leer más en su blog: Criando desde el corazón :)

Hace casi seis meses que me convertí en “bimadre” y, desde ese momento, tuve claro que a pesar de tener experiencia como madre me sentía primeriza. Y sí, realmente era primeriza, pues era la primera vez que iba a cuidar a mi hijo Gael. A pesar de las inevitables comparaciones, hemos intentado “olvidarnos” de lo que hicimos o dejamos de hacer con el mayor. 

Enseguida empezó a acontecer todo aquello que tanto nos preocupaba durante el embarazo:
¿Cómo sería la reacción de Unay al ver por primera vez a su hermano?
¿Podré querer a los dos por igual? 
¿Es verdad eso de que se “ensancha el alma”? 
¿Y si aparecen los celos? 
¿Cómo me organizaré la primera vez que tenga que salir sola a la calle con ellos?
¿Podré sobrevivir cuando el padre vuelva a trabajar? 





Sí, te das cuenta de que eres capaz de eso y mucho más. Quieres a los dos exactamente igual, te sientes tan llena de amor que parece que vayas a explotar en cualquier momento, te enamoras cada vez más de tu recién llegado bebé y de tu hijo el mayor, ves a tu chico particularmente guapo… y todo va viento en popa. 

Pero también hay momentos no tan idílicos, de esos que no aparecen en Instagram ni otras redes sociales, y es que la primera vez que tu hijo mayor hace algo al bebé, sientes un dolor profundo. Dolor por ambos, por el bebé, porque es tan pequeño, tan frágil que te duele en el alma; por el mayor porque sabes que ya nada será como antes, que solo quiere volver a estar contigo igual que antes de la llegada de su hermano. 





Te sientes impotente cuando ambos lloran y sabes que te necesitan por igual, pero no puedes dividirte. Entretanto y por si el postparto no fuese lo suficientemente intenso, tienes una mastitis, un susto enorme con el "hijoperro", una lavadora rota durante una semana… y un cúmulo de despropósitos. 

¡Ay las lavadoras! Nadie me dijo que el número de hijos NO es directamente proporcional al número de lavadoras que se ponen al cabo del día.



Pero los días van pasando, y te levantas cada mañana dispuesta a enfrentarte a “nuevos retos”. Como salir con los dos al parque sola, a pasear al perro, a comprar… y te sientes “poderosa”. Puedes con eso y con más, ¡claro que puedes! 

Con lo que no puedes es con las lágrimas de los dos, con no poder atenderles como lo necesitan en cada instante. Pero no me culpo, hago todo lo que puedo y les doy las gracias a los dos cada día por lo fácil que nos lo están poniendo.


Sin duda, es toda una aventura, la mejor que hemos vivido hasta ahora. Cuando los veo juntos, sólo puedo pensar qué afortunados somos. Volvería a repetir esta “locura” de ser "bimadre" sin pensarlo ni un solo instante. Porque estamos aprendiendo a ser padres de nuevo, porque es maravilloso verles juntos, porque cada vez intentamos ser mejores personas por ellos, porque estamos aprendiendo mucho y disfrutando más todavía…

¡Gracias hijos! 










Ángela

martes, 16 de mayo de 2017

Te llevaré siempre

La semana pasada se celebró la I Semana Europea del Porteo (8 al 14 de mayo de 2017), con el lema "Te llevaré siempre".
Aprovechando la ocasión, fui compartiendo en Instagram durante estos siete días, fotos porteando en distintos portabebés.



Mochila Fidella con bebé de 19 meses y 14 kilos




Bandolera Didymos Indio Aurora con bebé de 19 meses y 14 kilos




Fular elástico Boba Wrap con bebé de 5 meses y 8 kilos




Fular Yaro Contra con muñeco (practicando para mi formación de Asesora de Porteo)


Portear satisface esa necesidad fundamental de contacto de nuestros bebés, tan importante como el alimento y la seguridad. 

Los portabebés son una herramienta que facilitan que podamos compatibilizar las necesidades de nuestrx hijx y las nuestras, de modo que puedo mantenerle junto a mi teniendo las manos libres, lo que me permite realizar otras tareas e incluso atender a otrxs hijxs si los tengo.

Pero lo importante es ese "Te llevaré siempre"; en brazos o porteado hasta que él/ella decida, en el alma y el corazón toda nuestra vida.