lunes, 10 de abril de 2017

Tengo miedo, ergo, tú también

Cierra los ojos, escucha el silencio. Piensa en algo que te de miedo, miedo de verdad. Miedo de ese que acelera el corazón y encoge el estómago. ¿Lo tienes? Va  le, pues ahora transmíteselo a tu hijo. 

Miedo, según la RAE, significa angustia por un riesgo o daño real o imaginario.

¿Te gusta tener miedo? Probablemente no, no suele ser una sensación agradable, por lo menos para mi no lo es. Entonces, ¿por qué nos empeñamos en transmitir nuestro miedo? Es algo que hacemos casi a diario, normalmente de forma inconsciente. Necesitamos expresar eso que nos recorre el cuerpo proyectándolo en los demás. 

El problema es cuando el receptor del mensaje es un niño o una niña. 

"¿No ves que no puedes? 
Te vas a caer y vas a llorar. 
Eres muy pequeña. 
Al final te vas a hacer daño."

Hace unos días fui testigo de este monólogo en el parque. Digo monólogo porque no existe conversación. Se trata de una madre, que, supongo, con toda su buena intención, le transmitía estos mensajes a su hija. Si me coloco en la posición de la niña me siento tan frustrada... Y me da miedo, la verdad, me voy a caer y me voy a hacer daño...

El miedo genera limitaciones, y no solo de movimiento, sino a todos los niveles.

"No corras! No te puedes alejar tanto de mi, que puede salir un hombre y llevarte."

El miedo es algo natural de nuestra especie, ante una situación de peligro nuestro cuerpo reacciona, y de ahí las sensaciones físicas que experimentamos. Sin embargo, en la sociedad del siglo XXI, los peligros reales que pueden afectar a un niño en presencia de un cuidador son mínimos y solemos preocuparnos (y preocuparles) de más.




Como adultos, es importante que nos situemos en la posición de acompañar, y que todo eso que se nos remueve por dentro ante determinadas situaciones, lo silenciemos en la medida de lo posible. 

En ocasiones, no conseguimos contenerlo y se nos escapan las palabras a la vez que el corazón se nos acelera. Pero, ¿qué tal si en lugar de frustrar o limitar los aprendizajes y experiencias de nuestros hijos, expresamos realmente lo que nos pasa?

"Cariño, por favor, intenta ir despacio, que me da miedo que puedas caerte."
"¿Qué te parece si vamos al tobogán pequeño? Aquí hay niños mayores y me da miedo que puedan empujarte"

Realmente este tipo de comentarios tampoco serían necesarios, pero si tenemos esa imperiosa necesidad de expresar nuestros miedos, mejor dejar claro que son NUESTROS. 

Solemos tener esa creencia de que como adultos no podemos enfadarnos, tener un mal día, o tener miedo. Nuestro papel es el de ser la madre o el padre perfecto y sonriente para nuestro/s hijx/s, que no teme, no sufre ni llora; pero si queremos que ellos aprendan a expresar sus emociones y a no autoexigirse esa perfección, tenemos que empezar primero por nosotros mismos. 

Y es que, papá y mamá pueden tener miedos, SUS miedos, que no tienen porque ser los MÍOS.



martes, 4 de abril de 2017

Baby led weaning: un año después

Este post lo tenía en mente desde hace bastantes meses, sin embargo, creo que llega en el mejor momento. Pajarin cumple hoy 18 meses, y por lo tanto hace aproximadamente un año que empezamos con la introducción de la alimentación complementaria. 

¿Qué significa Baby Led Weaning? Su traducción correcta al castellano sería "Alimentación complementaria dirigida por el niño o a demanda", y se trata de introducir los alimentos paulatinamente en la dieta del bebé en forma de trozos (es decir, sin triturar). Durante el primer año,  el alimento principal del bebé continúa siendo la leche (materna o de fórmula), y por lo tanto no hay que reducir ni eliminar tomas, es a demanda.

Se inicia como pronto a los 6 meses, siempre y cuando el bebé esté preparado y muestre interés por lo que come el resto de la familia.

Pero como la idea del post es contar nuestra experiencia, os dejo varios enlaces y un par de libros por si queréis informaros más sobre el tema:

-Se me hace bola de Julio Basulto
-Mi niño no me come de Carlos González
-Tu hijo sabe comer solo de Maika Martin

Nos decidimos por el Baby Led Weaning (BLW) por las siguientes razones:

1. La primera y fundamental: la experiencia vivida por otras familias. Conocíamos el caso de dos familias que habían aplicado este método, mi "más mejor amiga" y "mi alma gemela" y era genial ver a sus hijxs comer.

2. Papá Oso no come purés, nunca jamás, y por lo tanto no me convencía lo de que mi hijo se alimentara a base de purés y papillas cuando su padre odia esa "textura".

3. Pereza máxima de tener que estar preparando comidas diferentes, una para Pajarin (que además había que triturar) y otra para nosotros.

4. Es lo natural. La existencia de la batidora se remonta unos 100 años atrás, así que lo de los purés es relativamente nuevo.

5. La seguridad que aporta la información. Fuimos a un curso en "Oh la luna" impartido por Eloísa López (Una maternidad diferente), me leí el libro de Julio Basulto "Se me hace bola" y leí algo por internet. La información es básica a la hora de elegir una opción que todavía no está aceptada por la sociedad al completo. Así, cuando tu pediatra te cuente cosas totalmente contrarias o tu madre te diga que estás poniendo en peligro a tu hijx alimentándole así, tendrás una base sólida que te sostenga y te reafirme en tu decisión.

Un año después, nuestra experiencia no puede haber sido más positiva y enriquecedora. Es increíble ver cómo evoluciona, cómo disfruta, cómo experimenta con la comida,... Y para muestra, un botón :)



Vídeo de BLW Pajarin (enlace directo)
(El vídeo es de andar por casa, se ha hecho lo que se ha podido)

Y todo esto es lo que hemos aprendido:

1. Los bebés son increíbles y nos lo demuestran cada día desde que nacen. Es muy habitual dudar de sus capacidades, y este método es genial para aprender a confiar en tu hijx y en lo que es capaz de lograr por si mismo.

2. Los atragantamientos son normales y frecuentes (diría que diarios al principio), y tenemos que ser capaces de respirar, acompañar y no intervenir si no es necesario. Nuestro bebé está aprendiendo a manejar alimentos con su boca, con su garganta, y esto requiere un proceso. Normalmente, con una o dos arcadas expulsara el trozo y lo más probable es que se lo vuelva a comer. :) Ojo! Atragantamiento no es lo mismo que ahogamiento!

3. Para mi, lo fundamental para disfrutar del BLW es tener una actitud tranquila. Si te angustias cada vez que coge un trozo, si intervienes cuando se atraganta, si pones caras raras, en definitiva, si tus miedos son más fuertes que la confianza hacia tu hijx, dale purés. No pasa nada, ya probarás más adelante, cuando te sientas preparada/o.

4. Es un placer compartir mesa con tu hijx, comer juntos, que te robe comida, que se le ilumine la cara cuando ve los platos en la mesa, que disfrute de lo que has preparado y que con el tiempo vaya demostrando sus preferencias. 
En nuestra sociedad, las celebraciones, las reuniones con amigos, los momentos de disfrutar en compañía, suelen estar asociados a la comida, y que tu hijx disfrute de ello es maravilloso.

5. Sí, lo reconozco, lo de limpiar es un poquito coñazo (con perdón de la expresión). Al principio cae más al suelo que a su boca, después hay lanzamientos, más tarde barrido para que sepas que no quiere más... Pero todo pasa. Ahora mismo ya no cae casi comida al suelo (salvo que la tire jugando) y solo tenemos que limpiar la mesa. Pero si pensamos en todo el tiempo que vamos a tener a nuestro hijx comiendo en casa, ¿qué suponen un par de años? Al final es una rutina, igual que fregar los cacharros o llenar el lavavajillas. Además, si tienes perro en casa, seguro que deja el suelo reluciente :)

6. Los purés están permitidos, es decir, si yo como puré, Pajarin también (además le encanta). Eso sí, al estilo BLW jajaja: metiendo manos, sumergiendo otros alimentos en él, ... un festival! 

7. La alimentación de la familia se vuelve mucho más saludable. Más frutas y verduras, menos sal, comida casera (apenas compramos alimentos procesados), y la comida rápida desaparece casi por completo. Tu hijx aprende por imitación, y es muy probable que si en casa no se comen frutas, acabe por no comerlas, al igual que si comes del McDonalds o Telepizza habitualmente, te pida y se enfade si no le das y le pones un filetito de pollo a la plancha con patata cocida.

8. Más de uno/a cierra la boca y se traga aquello de: "El niño así no come nada" "Hazle un buen puré que tiene que alimentarse" "Menuda guarrería, cómo está poniendo todo" "Ay por dios! Qué se va ahogar" "Desde luego, que ganas de pasar un mal rato". Eso sí, no esperes que se disculpen ni se retracten, eso no se estila. Con el tiempo, y cuando has introducido los alimentos más comunes, puedes ir a cualquier bar, o casa de amigos y familia, y tu hijx come como uno más: paella, unos macarrones con tomate, tortilla, unas berenjenas rellenas de carne, pollo asado con patatas,... en fin, lo que sea. Y entonces se les queda la boca abierta, y tú, orgullosa madre de su hijx (hippie loca irresponsable hace unos meses) sonríes y disfrutas con él/ella de ese placer tan inmenso que es comer.

Y para terminar, unas recomendaciones en cuanto a equipamiento y páginas de recetas de BLW muy chulas:

-Los mejores baberos (en mi opinión) para BLW. No calan, aguantan miles de lavados y se ajustan muy bien. Close Parent (os pongo el enlace de esta tienda online porque es de Pamplona y tiro pa' casa, pero lo venden en muchísimos sitios).

-BLW aprendiendo a comer (página de recetas geniales, adaptadas según los alimentos que vayamos introduciendo).

-BLW Alimentación (otra página muy chula con recetas y recomendaciones)

-App Happy Recipes (para IOS y Android) Disponible gratuita y de pago. Decenas de recetas adaptadas, está genial!


martes, 28 de marzo de 2017

Retirada respetuosa del biberón (y la leche de fórmula)

Cuando Pajarin cumplió 12 meses una nueva inquietud llegó a mi vida. 



Guiándome por la mayoría de expertos en la materia (Julio Basulto, Carlos González, la Agencia de Salud Pública de Cataluña, etc), a partir del año de edad los niños pueden tomar leche (entera) de vaca, así cómo queso tierno y yogures (naturales y sin azúcar a ser posible). Y he aquí mi preocupación, ¿cuándo podré llegar a sustituir la leche de fórmula por la leche de vaca? No es que tuviera una excesiva prisa, pero había varios motivos que por lo que no quería demorarlo demasiado:

1. La leche de fórmula es cara (muy cara teniendo en cuenta que si no puedes dar leche materna es el alimento principal de un bebé durante su primer año de vida). Nosotros seguimos utilizando la 1, ya que es la más parecida a la leche materna. De hecho es algo recomendable, siempre y cuando puedas permitírtelo económicamente.

2. La leche de fórmula no se compra en el supermercado. Necesitas una farmacia cerca, que además disponga de la marca que usas.

3. El proceso de preparar un biberón es mucho más entretenido que dar un vaso de leche (sobre todo de madrugada)

4. Y por último y lo más importante, la leche de fórmula contiene ACEITE DE PALMA (por lo menos la nuestra). Confieso que lo descubrí hace unos días porque una amiga me lo dijo, y me sentí una muy mala madre. Pajarin ha estado consumiendo aceite de palma desde su primera semana de vida y yo sin saberlo. Pero lo peor de todo es que me parece increíble que permitan este tipo de ingrediente en alimentación para bebés. En fin, cosas de madre primeriza que no se volverán a repetir.

Teniendo en cuenta todo esto, se me hizo un nudo en el estómago cuando Pajarin probó las primeras veces la leche de vaca y puso una cara de asco tremenda. ¿Y si no le gusta? ¿Qué le voy a dar? ¿Y si NUNCA puedo retirar la leche de fórmula? Esos nunca que tanto aterran a las madres...

Pues bien, dentro de esta vorágine de pensamientos, me sorprendió mucho escuchar a Carlos González en una conferencia afirmando que el biberón había que retirarlo al año, que la leche mejor de vaca y en vaso. La necesidad de succión de un bebé suele estar presente hasta los dos años, por eso es "tan difícil" retirar chupete y biberón (o teta) antes. Así que, al igual que en el resto de aspectos de nuestra crianza, consideré que lo más conveniente era seguir el ritmo de mi hijo, estar atenta a sus necesidades y aunar recomendaciones de distintos expertos en función de ello.

Me parecía interesante hacer un post sobre este tema, ya que no lo considero un proceso sencillo y al igual que hay mucha información sobre destete respetuoso, he pensado que tal vez nuestro proceso podría ayudar a otras familias que se encuentren en la misma situación.

Empezamos a darle leche de vaca en el desayuno. Al principio solo la utilizaba para echar cereales y rescatarlos con la cuchara. Más tarde empezó a mojar pan, galletas, fruta... Y posteriormente decidió beber un poquito (en vaso, taza o cuenco).




En cuanto a los biberones, mientras introducíamos la leche de vaca en el desayuno y merienda, seguimos dándole leche fórmula para dormirle y en los despertares nocturnos. Consideramos mejor una introducción paulatina, ya que la leche de vaca suele ser algo más complicada de digerir. Además nuestra enfermera nos indicó que mejor retrasar el cambio a los 15-18 meses debido a que la composición de la leche de formula aporta determinados componentes necesarios para las defensas del bebé (no sé hasta que punto es esto cierto, pero como no teníamos prisa, le hice caso por primera vez).

Hacia los 14-15 meses le dimos leche de vaca en biberón para el momento de dormir la siesta. Alguna vez lo rechazo y le tuvimos que preparar de fórmula, pero poco a poco lo fue aceptando y conseguimos que se durmiera con leche de vaca, aunque por la noche seguíamos manteniendo la fórmula.

Además de esto, y en el proceso de ir retirando biberón paulatinamente, decidimos intentar dormirle sin él. Cuando era más pequeño se quedaba dormido tomándolo, pero ya no funcionaba así, tomaba un poco y seguía de marcha un buen rato. Al principio nos costó un poco porque lo demandaba, se quitaba el chupete y señalaba la puerta, ¿y qué hacíamos? Se lo dábamos simplemente. Esto se fue reduciendo hasta el punto en el que nos encontramos ahora mismo, en el que no toma biberón para dormir siesta ni por la noche.




Una vez que eliminamos el biberón "de dormir" (que ya se lo hacíamos de leche de vaca), retiramos totalmente la leche de fórmula. Se sigue despertando por la noche y haciendo una o dos tomas, pero ya son de leche normal (de vaca vamos).

En cuanto a retirar definitivamente el biberón, no nos vamos a exigir nada ni a marcar plazos. Habrá personas y profesionales que no estén de acuerdo. Consumir líquidos azucarados (zumos principalmente) en biberón no es recomendable cuando tienen dientes. No tengo muy claro si esto es aplicable a la leche (contiene lactosa, que es un azúcar), pero con la cantidad en biberón que consume no es algo que me preocupe demasiado.

Los niños viven en constante evolución y suelen ser los agobios de los padres y madres (esos NUNCA y esos SIEMPRE) los que nos llevan a acelerar procesos y olvidarnos de sus necesidades, de su ritmo, que no suele coincidir con el nuestro.

miércoles, 22 de marzo de 2017

Tiempo de criar

"Las madres, que no paran de hacer cosas, suelen pensar que no hacen nada. Se sienten solas, invisibles y poco importantes. Sin embargo, su trabajo contribuye a algo que es mucho más que una organización (empresa). Cada madre prepara a su hijo para pertenecer a la sociedad que todos compartimos. No es exagerado decir que toda la civilización depende del trabajo de las madres. (...) Si se sienten poco importantes es, sin duda alguna, porque no se reconoce debidamente el valor de su trabajo" [Lo que hacen las madres; Naomi Stadlen]

Este párrafo lo leí por primera vez cuando Pajarin tenía aproximadamente tres meses, y 15 meses después he vuelto a encontrarme con él. Me parece increíble que no lo recordara, lo subrayara o lo apuntara en algún cuaderno. Aún estaba de baja maternal, con problemas con la lactancia y las hormonas locas de un postparto intenso; así que supongo que no era el momento para que este mensaje me calara tanto como lo hace hoy.

Hace aproximadamente un mes conseguí adquirir consciencia de algo fundamental: mi tiempo. En el master que estoy haciendo, nos propusieron una dinámica en la que crear nuestro propio espacio y pensar en nuestros tiempos; a qué dedicamos nuestro día a día, cuánto tiempo nos dedicamos, etc. Y mi dedicación principal, por elección propia, es estar con mi hijo. Y cuando digo estar con mi hijo no me refiero a estar en casa y ocuparme de limpiar, poner lavadoras, ir a comprar, etc etc; y de paso quedarme con Pajarin y evitar llevarle a una escuela infantil ya que yo no trabajo. Estar conscientemente, estar presente y hacer esa labor tan importante de ser madre. 

"La maternidad permite a un recién nacido convertirse en un niño capacitado"

Creo que generalmente nos dejamos arrastrar por ese modelo tan arraigado en la sociedad del "ama de casa". Esa mujer que se queda en casa y se ocupa de toooodo mientras su marido trabaja para mantener a la familia. Sí, verdad, el dinero es necesario para comer y pagar facturas, pero ¿quién "mantiene" realmente a la familia? O mejor dicho, ¿quién la sostiene?

Precisamente tenemos visita en casa, y mi suegra se asombraba de que Papá Oso y yo nos repartiéramos determinadas tareas domésticas, "porque él va a trabajar y yo me tengo que ocupar de la casa". No me lo tomo de forma personal, porque sé que es algo interiorizado culturalmente y por su propia vivencia. Ocuparse de criar tres hijos, además de llevar el peso de la casa, es algo "normal", que han hecho y hacen muchas mujeres, "porque para eso están en casa".

Ser consciente de que mi tiempo hoy es el de criar, el de estar con mi hijo y vivir cada instante con él. Son momentos que no volverán y que pretendo atesorar como un regalo. La vida me ha dado la oportunidad de escoger, y mi elección es la de disfrutar de Pajarin, de vivir intensamente cada día, los buenos y los malos. 




Es el trabajo más importante de mi vida...
Aunque no genere beneficios a ningún empresa.
Aunque no cobre objetivos ni me ingresen una nómina a final de mes.
Aunque la sociedad no reconozca el valor de mi trabajo.
Aunque en ocasiones sienta que no he hecho nada en todo el día.

Tiempo de criar. 
Tiempo de mancharme diariamente, de tierra o de comida entre otros.
Tiempo de leer el mismo cuento una y otra vez, hasta aprendérmelo de memoria y poder recitarlo en cualquier momento si la ocasión lo requiere.
Tiempo de escuchar canciones infantiles en bucle (y que además me gusten).
Tiempo de hacer reír, con cosquillas, caras raras y bailes ridículos.
Tiempo de recoger lo mismo una y otra vez.
Tiempo de caer rendida en la cama con la satisfacción de haber disfrutado del trabajo más importante de mi vida: ser madre.


Podéis descargar esta preciosa lámina aquí

miércoles, 15 de marzo de 2017

Mi nueva vida

Casi seis meses después de mi última publicación, vuelvo a la carga y aprovecho que Pajarin duerme la siesta para intentar escribir un post "del tirón".

Estos meses de desaparición han sido una montaña rusa, algo que me encanta, pero que puede acabar mareando. Si me sigues por Instagram (en Facebook ya no publico, la verdad) igual tienes una ligera idea de lo que estoy hablando.

Pues bien, empecemos por el principio:
Había una vez una madre removida, inconformista, con necesidad de un cambio, que no hallaba su sitio; y un padre que no terminaba de encontrar su camino laboral. Pajarin les miraba y se preguntaba por qué se complicaban tanto la vida con lo fácil que es ser feliz moviéndose en libertad y comiendo pan.
En fin, ahora en serio. Desde que Pajarin llegó a nuestras vidas todo cambió, como ya he contado en multitud de ocasiones. Nuestros valores, nuestra forma de ver la vida e incluso de vivirla. Y en esa nueva vida había aspectos de la anterior que no terminaban de encajar. Vivíamos en Madrid, en un barrio bastante céntrico, con multitud de servicios, transporte, gente, etc. Cuando nos quedamos embarazados decidimos comprarnos un piso, ya que la hipoteca nos suponía una cuota menor que estar pagando un alquiler, y todo hay que decirlo, por la mentalidad esa de acumular propiedades que parece que da otra seguridad (mentira todo). A nivel laboral ni Papá Oso ni yo terminábamos de ubicarnos. Mi excedencia seguía alargándose, sin intención alguna de volver y Papá Oso se enfrentó a un despido y a empezar en un trabajo nuevo, que aunque mejoraba las condiciones del anterior, no tenía nada que ver con su formación ni sus expectativas laborales.

Pese a no poder permitirnos viajar demasiado, surgió varias veces la oportunidad de quedarnos en casa de una amiga en Pamplona, y desde que nació Pajarin estuvimos tres o cuatro veces. Cuando volvíamos a nuestra realidad después de esos días fuera, algo muy desagradable se me removía por dentro. Quería vivir en Pamplona, me parecía una ciudad perfecta para que creciera Pajarin,... pero no podía ser. Nuestra vida estaba en Madrid: trabajo, hipoteca, mis padres,...

Un apunte interesante que no quiero dejar de lado es que mi padre es de Navarra, y que yo, en plena adolescencia, cuando iba a las fiestas de su pueblo, decía que era de allí y que de mayor viviría allí (¿casualidad? No creo...)

Nuestra vida estaba en Madrid, pero, ¿y si la trasladábamos? Ser dueños de nuestra vida, de nuestras decisiones, de elegir el lugar donde vivir y donde crezcan nuestro(s) hijo(s). El hecho de haber tomado un camino no quiere decir que no puedas coger un desvío, hacer un cambio de sentido, o incluso ir por esa carretera secundaria por la que tardas el doble pero puedes contemplar un paisaje maravilloso.

Y así fue, tomamos las riendas de nuestra vida y decidimos que íbamos a vivir en Pamplona.

-Oh! Insensatos! ¿Dónde vais sin trabajo? Con lo mal que están las cosas hoy en día.

-Y con un hijo... Esas cosas se hacen cuando no tienes responsabilidades y eres joven.

-¿Y la casa? ¿Para qué os comprasteis un piso entonces?

Podría seguir, y aunque he añadido algo de dramatismo (no mucho), esos son alguno de los comentarios que tuvimos que escuchar. Y sí, reconozco que nos justificábamos, que dábamos explicaciones para que entendieran nuestra decisión, pero que en el fondo nos daba completamente igual lo que pensara el resto del mundo.

Tardamos cuatro meses en vender el piso y uno más en instalarnos en Pamplona (otra mudanza!!). Otro mes para que Papá Oso encontrara trabajo, el mejor que ha tenido nunca, a nivel académico, económico y emocional. 




Vivimos en un piso precioso, con un parque que se ve desde la ventana (ahora mismo lo estoy viendo) y las montañas al fondo.



Seis meses. Ese es el tiempo que necesitamos para llegar a puerto desde que decidimos que cambiábamos el rumbo. Y somos felices, muy felices. Y si no hubiera resultado como esperábamos, habría sido nuestra decisión, nuestro error, del cual habríamos aprendido y habríamos buscado un nuevo camino hacia el que dirigirnos.




Porque eso es lo importante, que tomes las riendas de tu vida, que nada ni nadie te condicione, que luches por tu felicidad, por la felicidad de tu familia. Y si te equivocas, habrás aprendido algo muy valioso y tendrás la oportunidad de volver a empezar con fuerzas renovadas y la experiencia del que se cae y se vuelve a levantar.


viernes, 14 de octubre de 2016

Tal vez, si las cosas se hubieran hecho de otra manera...

Este post debería haberlo dedicado a los regalos del primer cumple de Pajarin, pero será el próximo. Esta semana necesitaba recordar mi peor momento desde que me convertí en madre.


Pajarin tenía una semana y no hacía pis. Si has leído la entrada con la que inicié este blog, seguro que te suena (si no, puedes leer la historia completa aquí). Ayer, 13 de octubre, se cumplía un año desde que nos dieron el alta en el hospital por segunda vez.

No quiero recordarlo como un drama, aunque en ese momento lo fue. Pero, si algo he aprendido a lo largo del tiempo, es que todo pasa por algo, y lamentablemente, aquello tenía que pasar. Desde la distancia, recuperada de aquel trago tan amargo, he sido capaz de analizar cada segundo de aquellos días, de todo lo que no funcionó y de como podría haber actuado si hubiera sabido todo lo que sé ahora, o mejor, como deberían haber actuado los que se suponía qué sabían.

Si me sigues en redes sociales, tal vez has leído que me he empezado a formar como Asesora de Lactancia. Me parece un papel fundamental y necesario en nuestra sociedad actual, en la que estamos desconectados de nuestra naturaleza, ha desaparecido la tribu, y los profesionales, lamentablemente en numerosas ocasiones, confunden en lugar de ayudar.

Sabiendo lo que sé actualmente sobre lactancia materna, me vienen a la mente imágenes de lo que viví en mi primera semana como madre.

El nudo en el estómago con el que llegué al hospital, se unió a las lágrimas y al miedo al decirme que tenían que hacer un análisis de sangre a Pajarin. Las luces, los médicos, las enfermeras, el sacaleches que no sacaba nada. No entendía que estaba pasando y mi pecho se puso muy blando.

Al subir a planta, tras el mal rato con la analítica y dar fórmula por primera vez a mi bebé para que hiciera pis, un enfermero y una auxiliar entraron en la habitación. Las luces, Pajarin llorando, ese enfermero apretándome el pecho con muy poca delicadeza poniendo cara de "aquí no sale nada, pobre bebé". 

Me puse a Pajarin al pecho, que rechazaba bruscamente (desde que llegamos al hospital). Mediante una jeringuilla con una cánula conseguimos que se enganchara (con el correspondiente pellizco de la auxiliar para introducir mi pezón en la boca de Pajarin). Y tras la toma, sacaleches que seguía sin sacar (casi) nada. Y así una y otra vez.

Fueron 48 horas muy complicadas. Para todos. Pero sobre todo para mi. 




Las enfermeras me consolaban al verme llorar: "No te preocupes, yo le di biberón y está genial", "A mi vecina le pasó lo mismo, y oye, que se le va a hacer, sino se puede, no se puede". Y lo reconozco, en ese momento me consolaban, aunque solo por unos minutos. Me comentaron incluso que pasaría el ginécologo para darme la "pastilla que corta la leche".

Una vez nos dieron el alta, nos derivaron a la consulta de lactancia. ¿Ahora? Creo que de nada sirve una consulta de lactancia, con su matrona especializada en el tema, si al entrar por urgencias no hay nadie preparado en el equipo que trata a madre y bebé. 

Tal vez, si las cosas se hubieran hecho de otra manera...

-Negligencia del pediatra que dió el alta a Pajarin, que nos indicó que no nos preocuparamos si en dos o tres días no hacía caca, es normal. [ERROR: con lactancia materna el bebé debe hacer caca. Es un signo muy evidente de que está comiendo, y desaparece el meconio]. Pajarin el tercer día seguía expulsando meconio, pese a tomar teta a demanda.

-Personal en urgencias pediátricas con poco (o nulo) conocimiento sobre lactancia materna. Me dejaron a solas con un sacaleches por primera vez, sin saber como funcionaba (ni yo ni ellxs).

-Poca delicadeza en el trato a la madre puerpera. Demasiadas luces, comentarios poco acertados, manipulación del pecho muy brusco. La oxitocina es taaan importante para la producción de leche, que situaciones traúmaticas, de shock, miedo, etc; pueden hacer mucho daño.

-Me derivaron a la consulta de lactancia tras 48 horas ingresados. Nadie especializado en el tema me trató esos dos días.

La sensación de que has hecho algo más, que eres una niña que no sabe cuidar de su bebé, que eso que tú considerabas tan importante no lo es tanto... La delicadeza en las palabras y el trato de la madre puerpera, de la madre que amamanta, es tan importante, tan necesario...

Menos mal que tenía al grupo de La liga de la leche, en el que me apoyé, y gracias al cual conseguí mantener por un tiempo aquello que para mi era tan necesario. 

Mi lactancia materna podría haber durado una semana; sin embargo la disfrutamos cuatro meses.

martes, 4 de octubre de 2016

Y no recuerdo quien era antes de tí

Un año.
Ya ha pasado un año.

Tan rápido, y a la vez tan lento. 

Días intensos. 

Días de teta, de biberones, de pañales, de vómitos, de siestas sobre mi en el sofá, que con el tiempo se han trasladado a la cama. 

Noches de despertares, de llantos, de "lucha contra el sueño", de dormir abrazados cuando hacía frío e intentar separarme cuando llegó el calor.

Días de sonrisas, de risas, de bailes, de mirarte cuando duermes y dejar que se escape alguna lágrima. Días de cansancio, de muchas cosas por hacer que se quedan casi siempre a medias para leerte "en bucle" un cuento tras otro.

Días que pasan , sin tregua. Días que parecen iguales, pero que nos regalan nuevos gestos, nuevos movimientos,... Días en los que te miro sin que te des cuenta; mientras juegas, mientras exploras... Y entonces te giras y al descubrir mi cara, sonríes. 

366 días. Un año. Ya ha pasado un año. Y no recuerdo quien era antes de tí. 

Las 22:30... A esta hora nos subían por fin a nuestra habitación. Dormimos juntos, te abracé, respirabas tranquilo... 

Feliz primer cumpleaños mi Pajarin.